miércoles, 21 de enero de 2009

caida o empujón

Llevaba un tiempo quieta, estable, desde hacía unas semanas, estaba cansada de dar pasos adelante y hacia atrás, aquel refugio donde esconderse de los demás le gustaba al fin y al cabo, y lo iba a hacer el tiempo que necesitara, necesitaba descansar...

Pero ocurrió algo inesperado, algo que volvió a cambiar su voluntad, decidió gastar sus pocas y últimas fuerzas en intentar avanzar, con la esperanza de llegar al lugar que tanto se imaginaba, aquel donde sería ella, donde cumpliría sus deseos mas profundos.

Sin decir nada a nadie, salió del escondite y echó a andar, empezó a pegar saltos sin que la observaran, incluso se dejaba ver entre árbol y árbol, su sonrisa se hacía ver abierta de par en par, una sonrisa ya casi olvidada, casi perdida. Pero lo que mas impactaba eran sus grandes ojos, que miraban el horizonte, hacia la meta, con seguridad, y fuerza.

En cada salto que daba ponía todo su empeño, toda su fuerza, su alma, el corazón quería saltar con ella, y latía más fuerte a medida que saltaba, después de avanzar bastante (o eso creía ella), se encontró con un "obstáculo" que ya conocía pero no del todo, nunca se había decidido a intentar superarlo, podría describirse como un corto y estrecho puente, sin apenas estabilidad, lógicamente le entró miedo, no era capaz, pero pensó que ésta vez sí, ¿por qué no?, se dijo. Ahora había recogido fuerzas, gracias a la ilusión creía tener posibilidades para llegar al otro lado, aunque siempre cabía la posibilidad de caer, pero no tenía nada que perder.

Claro que no era tiempo de pensar, quedaba mucho camino por recorrer y no debía malgastar ni un segundo, quería seguir el camino, ver a donde le llevaba y no había opción, así que se armó de valentía y cogió un gran impulso lleno de esperanza pegó un gran salto, y llegó al otro lado, pero al poner el pie en tierra resbaló, y cayó puente abajo, se agarró a lo que pudo, el puente se rompió de un lado, con tan mala suerte de que era lado donde quería haber llegado, aun así escaló y llegó al lado desde donde había saltado.

Estaba aturdida, llevaba días y días saltando, ya no tenía fuerzas, ni esperanzas, ni ganas de seguir en pie, de caminar hacia delante o atrás, no sabía que hacer y lo único que podía hacer era seguir ahí, tirada, quieta, rendida y hundida. Eso sí, pensando, hasta llegar a la conclusión de que lo que había pasado era más que una caída, había sido un empujón hacia delante, hacia otro lado, quizás la meta era el error, o no, debería averiguarlo siendo cauta, desde donde se encontraba, ni un centímetro más, ni uno menos.

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