jueves, 9 de febrero de 2012

K-ey

Podría haber seguido huyendo, irme con mi película a otra parte, vivir en mi mundo donde las explicaciones son a mi manera, aunque duelan.

Pero siempre acabas encontrándote con el problema de frente, y tienes dos opciones, o seguir con tu explicación, o arriesgarte y preguntar cual es la verdadera explicación, a pesar de que esta pueda ser más dolorosa.


Así fue, los malos finales no son finales, se encasquillan en tu cerebro y no salen hasta que el buen final se presenta, así es como se sigue hacia delante.

Y así es como lo voy a hacer yo, con el autoestima alta, y culpando a las circunstancias, para variar.


Una vez que se suelta a la persona implicada directa lo que llevas dentro, no hay más que hablar. Las cosas pasan de ser pensamientos a hechos. Y los hechos no se pueden cambiar, así que no merece la pena llorar por ellos, ni tener esperanza en que cambien.



Estas son las últimas lágrimas que dedicaré a este "tres" que ni siquiera sé si es un tres, pero se acerca. Porque ha logrado que el último tres en llegar pase a otro plano, el que se merece, un plano más que secundario, no algunos momentos, pero sí la persona. Lo que no he conseguido en muchos meses lo ha hecho posible ella, y eso es indiscutible.


Una historia que no tiene más vueltas para dar, siempre soy la transición, sí. Pero no pienso quedarme con esa idea.


Lo único que me faltaba era ponerle el broche, y esta noche lo he puesto.




Releyendo el título he caído en que K en inglés se pronuncia "key", key en español es llave. Es como si todo estuviera relacionado. Como si estuviera escrito. 

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