jueves, 20 de octubre de 2011

Piedras que se transforman en flores.

Entre mis grandes defectos, el que más me ha hecho daño es el masoquismo.

Que es el eufemismo de "yo hago/pienso/digo lo que siento, aunque sepa que me va a hacer daño".

Alguien me dijo hace poco, tú tienes tres partes a tener en cuenta: cabeza, corazón y cuerpo.

Pero en mi caso no siempre están diferenciados, unos se nublan a otros, se putean entre sí, así nadie se aclara.

Cuando se te presenta algo, y te apetece mucho, ¿es el corazón quién te tira hacia ese lado?
Aunque al minuto lo pienses e intuyas que quizá no sea lo más correcto.
¿Esto es lo que llamaríamos una lucha entre cabeza y corazón?

¿Y si las sensaciones que te trae el vivir y después recordar algo, eso es gracias a la cabeza, pero hacen que te duela el corazón... ahí sí se ponen de acuerdo?

Si metemos al tercero en discordia, el cuerpo, esto es un cóctel explosivo.
Ojalá sólo hubiera cabida para un sólo elemento. Si hay una mezcla de todos, la cosa es difícil de manejar.

Debería de haber un manual para manejar cada parte. Un soporte al que acudir en caso de emergencia.

Mientras, una piedra tan grande como mi masoquismo se situará en mi camino, mis ojos la verán, mandarán la señal a mi cabeza, mi cabeza dará la orden de esquivarla, pero mi corazón y mi cuerpo crearán una alianza en contra de mi cabeza y acabaré viendo flores en vez de pedruscos.
Finalmente, acabarán desarmando a mi cabeza, junto a todo lo que encuentren, ¿qué cómo termina?... nunca se sabe. Pero las guerras frías, o en este caso, calientes, nunca fueron buenas.

Después de varias guerras, una ya sabe qué armas escoger en caso de, pero sobre todo, sabe cómo defenderse. Nunca he sido de atacar, y no creo que eso cambie ahora. Espero que el estado de paz siga como hasta hoy. No me puedo quejar, otros están en guerra constante.

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