Ese golpe del destino que te paraliza desde la cabeza hasta los pies, no pestañeas, tu mente desconecta por un segundo porque tus ojos tardan en enviar lo que estás viendo.
Desde el momento en el que lo captas, hasta que tu mente lo recibe, lo procesa, hasta que reaccionas, tu cara es un poema. Tus palabras no pueden salir. Y tus movimientos son rígidos, y escasos.
A medida que tu mente va procesando y analizando si lo que pasa es algo real, o fruto de tu imaginación. No sería la primera vez. Acabas por aceptar que está pasando. Y que tienes que reaccionar.
Y reaccionas, quizá una manera distinta a la que habías imaginado, porque el destino te ha puesto a prueba, no te ha preparado, aunque tú lleves huyendo y preparándote por si acaso, las situaciones que te tocan siempre acaban superando la ficción.
El shock dura horas, su intensidad va bajando a medida que tu cordura va llegando. Porque el golpe hace que se te quite toda la cordura que tenías claro.
Una vez más, te sorprendes de ti misma, porque aunque el caos interior vaya por dentro, y la lucha entre el exagerar o hacer como si no hubiera pasado nada vaya en aumento, nadie podría deducirlo.
Y una vez más, te das cuenta de que hay soluciones que no sirven de nada a largo plazo, que no siempre te saldrás con la tuya, y que a veces, o desistes, o nunca llegarás a estar bien del todo.
La impotencia recorre cada músculo, el surrealismo hace desvariar tu mente, tu corazón recupera el ritmo normal y tu estómago poco a poco va relajándose.
Ves que de repente todo se desestabiliza, todo lo que hasta ahora ha pasado, todos tus pensamientos de ayer, tus problemas y tus alegrías, desaparecen. Dedicas cada neurona a analizar por qué c*****s actúas de esa manera. Te preguntas por qué hoy, y por qué ahora. Hasta llegar al extremo de siempre... En el que te das cuenta de que tu paranoia se sale de lo habitual. Y vas volviendo al mundo real.
No merece la pena, es hora de quitarle la importancia a ciertas cosas, y así poder dejar que nuevos recuerdos ocupen el lugar de otros más antiguos.
Es hora de trabajar un poco por tu felicidad. Hay una parte de ti que siempre lo ha querido así.
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